Cuida tus palabras (2da parte)

Andrés Monroy 
La comunicación interpersonal

¿Y donde dejamos la importancia del lenguaje en la comunicación interpersonal? Parece demasiado obvio, pero un altísimo porcentaje de nuestros conflictos ocurren en ese espacio de interacción con el Otro.

Para el ser humano es imposible no comunicar, lo hacemos permanentemente. ¿Alguna vez han hablado con ustedes mismos cuando están a solas? Tan imposible es no comunicar, como imposible es no analizar y hacer juicios sobre todo lo que observamos.

Partiendo del hecho, de que nos constituimos como seres humanos en presencia del otro, en un mutuo legitimar de existencias, resulta que la interacción social es una necesidad biológica, un asunto de supervivencia.

Este hecho es irrefutable, y para muestra un botón: los neonatos colocados en asépticas incubadoras que los separan de cualquier contacto físico humano (una forma de lenguaje, per se), y hasta de cualquier sonido, tienen mayores posibilidades de morir en comparación con otros neonatos que fueron tocados por las enfermeras, y a los cuales se les habló durante su recuperación. El aislamiento resulta mortal.

Luego, si mi vida trascurre en un intercambio social ineludible, a partir de un lenguaje compartido, ¿Cuál es mi desempeño en ese sentido? ¿Estoy conforme con los resultados que obtengo? Nótese, que al hacerme estas preguntas estoy empleando una característica del lenguaje: su recursividad, esto es, la posibilidad de preguntarme acerca de mi mismo, y cuando hago eso se manifiesta mi identidad, la cual es inseparable de esa capacidad reflexiva, tal como lo afirma Humberto Maturana.

Si aceptamos que somos lo que somos, a partir de la forma en nos expresamos, del uso que hacemos del lenguaje; entonces debemos estar atentos a la manera en que nos estamos comunicando, y al tipo de conversaciones que realizamos.

El asunto está en la forma en que elaboramos y expresamos nuestras ideas. La manera en que nos comunicamos define la forma en que vivimos la vida, esto es, la calidad de la comunicación tiene una influencia determinante en la calidad de nuestra vida.

Pero ¿a qué llamamos una comunicación de calidad? A aquella que nos permite acercar respetuosamente nuestro mapa al mapa del Otro, y en ese acercamiento ser capaces de coordinar acciones en función de nuestros objetivos. Después de todo, toda comunicación tiene intención. Siempre.

Uno de los postulados de la PNL es lapidario al respecto: la calidad de la comunicación viene dada por la respuesta que se obtiene. Esto sugiere responsabilizarnos por las cosas que decimos, más que culpabilizar al Otro “por no entender”. Un antiguo dicho establece que “no hay palabras mal dichas, sino mal interpretadas”. El nuevo paradigma expresa lo contrario: “hay palabras mal dichas y por tanto mal interpretadas”.

Esto quiere decir que debemos estar conscientes de lo que decimos, darnos cuenta del objeto e intención de nuestras palabras. Preguntarnos antes de hablar ¿realmente lo que quiero decir es esto? ¿Cuántas veces no nos ha pasado, que queríamos decir algo, y terminamos diciendo otra cosa?

La escucha activa

Lo otro que debemos cultivar es la escucha activa, algo que lleva más trabajo debido a nuestra tendencia a interrumpir al Otro para hacer valer nuestro punto de vista, o demostrar nuestros conocimientos y/o virtudes. Debemos recordar: oír y escuchar no es lo mismo.

Al respecto, no nos hemos dado cuenta que escuchar con atención es más importante que hablar. Cuando nos hablan, la persona que lo hace está manifestando su Ser, lo cual es una oportunidad única para entender su mapa, para acercarnos a él y establecer un verdadero contacto, que permita obtener resultados satisfactorios para ambos.

En definitiva, habitamos en la casa del lenguaje, la misma morada (en palabras de Heidegger) que compartimos con el resto de la humanidad; hagamos de ese lugar un espacio para un cambio de conciencia, para la expansión de nuestro Ser, y última instancia, una vida más satisfactoria.

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