Cuida tus palabras (1ra parte)

Cuida tus palabras (1ra parte)

Andrés Monroy

Si la “realidad” se constituye a partir de la interpretación (siempre personal) que hacemos del mundo, y esa interpretación adquiere sentido y connotación por obra de nuestros diálogos, podemos inferir que son nuestras palabras las que determinan esa “realidad”, más aun, hasta tanto no aparece el lenguaje, el Observador que soy no se manifiesta, no existe. Luego, el lenguaje engendra Ser.

Visto así, toda realidad es subjetiva, pues obedece al mapa que sobre el territorio hemos constituido, y esa hechura es función de nuestras experiencias pasadas, el acervo genético, la cultura, nuestros modelajes, etc.

Esto quiere decir, palabras más palabras menos, que nuestra postura como Observador, nuevamente, a partir del lenguaje, es lo que va a determinar de qué forma es nuestro estar en el mundo, y en consecuencia nuestro grado de satisfacción con la vida que llevamos.

También implica que, así como estructuramos “realidades”, a partir del lenguaje podemos reestructurarlas, pues al final del día mis circunstancias (interpretativas per se) son producto de éste, por lo que, si éste cambia, aquellas cambian.

Veamos un ejemplo para tratar de explicar este vericueto discursivo.

Un lunes en la mañana usted apenas abre los ojos lo primero que piensa es: “que desgracia… otra vez a trabajar, me siento como un esclavo…que desgracia”. Fíjese que unos segundos antes de que usted interpretara el hecho de ser lunes, este no tenía mayor connotación, era simplemente un lunes por la mañana. Pero al emitir el juicio, ya deja de ser “un lunes” para convertirse en “una desgracia”, con lo cual su lenguaje genera una realidad muy suya: “sentirse como un esclavo”.

Esa realidad así elaborada, detona automáticamente una emoción, y simultáneamente una fisiología acorde. Resultado: un estar en derrota, en frustración, etc. Desde luego, sus resultados desde el punto de vista laboral muy probablemente reflejen ese estar. Fíjese que el lenguaje no solo sirve para describir las cosas, el lenguaje es principalmente generativo: después que hablamos ocurren cosas.

Ahora imagine la misma situación, y al abrir los ojos dice: “gracias Señor por este nuevo amanecer, gracias por el trabajo que tengo, por darme la oportunidad de ser útil, y de hacerlo cada día mejor”. ¿Qué realidad se genera con este lenguaje?, ¿Qué resultados laboralmente hablando pueden producirse bajo este enfoque? ¿Cuál es su actitud?

No me crea, pruébelo. Haga este ejercicio. Lea con atención el siguiente párrafo como si le estuviera ocurriendo a Usted: “Me siento solo y triste, siento que nada vale la pena, hasta Dios me ha abandonado, y lo peor es que nada va a mejorar en mi vida”

¿Qué siente en este momento? Note su fisiología, note de qué manera ocurrieron cambios en Usted, aun sabiendo que es un ejercicio. Para el cerebro da lo mismo si lo que dice es verdad o es mentira, él no discierne.

Ahora, lea el siguiente párrafo: “la vida es bella, que bien me siento, a pesar de las dificultades el tiempo de Dios es perfecto, la prosperidad y la salud me pertenecen por derecho propio”

¿Nota alguna diferencia en relación al párrafo anterior y la forma como se siente?  Nuevamente, el cerebro no discierne, simplemente actúa. Pero ahora viene lo más interesante. Si repites como una letanía durante varios minutos el primer párrafo, y “te metes” en la emoción (hay mucha gente que vive así), y te toman en ese momento una muestra de sangre, el análisis de la misma arrojará un aumento de tus glóbulos blancos, lo cual se traduce en un alerta ante “una amenaza”. Por el contrario, si lees de la misma forma el segundo párrafo tu sistema inmunológico presentará un incremento en su capacidad defensiva.

Como te habrás dado cuenta, hablamos de psiconeuroinmunología, cuyos postulados se asientan en el poder de la palabra, y con ella la visualización de un estado de salud deseado, solo por mencionar un aspecto de nuestra vida. En dos palabras: tú lo decretas, lo imaginas, y el cuerpo obedece, pero no como un ente aislado y mecánico, sino como parte íntima de una misma inteligencia. ¿Qué diferencia hay, en cuanto a salud, entre dos personas que viven en un tipo u otro de pensamiento?

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