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5 pasos que harán de ti un coach profesional.

Manual para iniciados

Autor: Andrés Monroy V.
Máster Coach Trainer

Congruencia: Ser Coach y Hacer Coachin

El Coaching como estilo de vida. ¿Qué imagen proyectas?
En el museo de bellas artes, en Buenos Aires, hay un cuadro en gran formato que no pasa desapercibido: Diana la cazadora sorprendida. Algunas personas lo ven de pasada, otras lo contemplan con atención, y otros más no solo admiran su belleza, sino intentan ver lo que hay más allá del lienzo, los mensajes ocultos en las figuras, la intención del pintor, la desnudez inmaculada de Diana sorprendida, ¿por quién? Formo parte de estos últimos, y experimento la obra como un todo, y a la vez en cada uno de sus detalles.

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Paso 1
Congruencia: Ser Coach y Hacer Coaching
El Coaching como estilo de vida. ¿Qué imagen proyectas?
En el museo de bellas artes, en Buenos Aires, hay un cuadro en gran formato que no pasa desapercibido: Diana la cazadora sorprendida. Algunas personas lo ven de pasada, otras lo contemplan con atención, y otros más no solo admiran su belleza, sino intentan ver lo que hay más allá del lienzo, los mensajes ocultos en las figuras, la intención del pintor, la desnudez inmaculada de Diana sorprendida, ¿por quién? Formo parte de estos últimos, y experimento la obra como un todo, y a la vez en cada uno de sus detalles.

El Coaching en sí mismo un arte, de autor desconocido. Le pertenece al mundo. Hay personas que se acercan a él con curiosidad, y siguen su camino, otros lo hacen porque lo ven como una posibilidad para sus propios cambios, unos cuantos, porque lo asocian, equivocadamente, con un camino fácil para ganar dinero, otros “porque un amigo me lo recomendó”, y finalmente, están los que descubren en él una posibilidad de transformación, de cambio, y lo experimentan como una forma de estar en el mundo.
Como formador y docente universitario, he visto pasar cientos de estudiantes. Todos llegan con sus expectativas. Unos más, otros menos. Es fácil reconocer lo que inicialmente los mueve. En el fondo sé que apenas un pequeño porcentaje, no más del cinco por ciento, se mantendrá en carrera, una vez termine la formación. Todos egresarán con un sueño, una idea, pero muy pocos lo culminarán.
Esos sueños se desvanecen, como nubes en el cielo, cuando se dan cuenta que el certificado no es suficiente, que es lo de menos. Que se requiere algo

más: disciplina, constancia, tenacidad, responsabilidad, sentido de logro, planificación, visión, aprendizaje continuo, etc. Por eso, con el tiempo, muchos renuncian, y vuelven a sus esquemas habituales de vida. Eso no es bueno ni malo, nada que ver. Simplemente se dan cuenta que no es tan fácil como lo habían pensado.
Ser coach y hacer Coaching son dos cosas muy distintas, pero al mismo tiempo complementarias. Cualquiera puede intentar hacer Coaching siguiendo un esquema clásico conocido; hoy abundan los que ofrecen Coaching sin ser coach, ¡y cobran por ello! Engañan a los incautos una sola vez, dos veces no. Una especie que se extingue sola.
Ser coach es otra cosa. Implica asumir el trabajo diario de ser congruente con aquello que piensa, siente, dice y hace. Realmente, es una tarea que nunca se alcanza, después de todo no somos dioses, sino personas con sus creencias y valores, con sus errores, y deseos. Ello no involucra renunciar, pero si a estar consciente de ello.
La congruencia del coach se observa como una simetría, en sus comportamientos, en lo que dice, en la postura corporal, en su tesitura emocional presente, y en el compromiso que asume, no solo frente a su cliente, sino en su vida privada y social.
Con frecuencia, le digo a los coaches noveles una frase que me gusta mucho: “habla, actúa y compórtate como la persona que elijas ser”. ¿Qué persona eliges ser? Como vemos, la congruencia es una especie de santo grial. Un estado. Acercarnos lo más posible a él es el objetivo que nos hace ser coach.
Los tecnicismos se aprenden, pero ser coach exige cruzar el desierto, en solitario, con la convicción de poder ser mejor en aquello que hacemos, y marcar una diferencia para uno mismo, y para nuestros clientes.
Por eso, menciono ese pequeño porcentaje de estudiantes recibidos, que continuarán en carrera. No todos están dispuestos a cruzar sus desiertos.
La congruencia, tanto como la incongruencia, en mayor o menor grado, se reflejan. Percibimos y somos percibidos. Las personas no te tratan por lo que eres, sino por lo que piensan de ti, y esto último es producto de lo que haces, y como lo haces. Proyectamos continuamente una imagen con la que nos identifican, y catalogan. La vida no es justa, pero nos guste o no, es así.

 

Responde las siguientes preguntas:
¿Qué imagen crees que proyectas?
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Párate frente a un espejo, y observa con cuidado, ¿Qué piensas de ti? ¿Qué te hace diferente?, ¿cuán congruente crees que eres en este momento?
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¿Qué imagen te gustaría proyectar, siendo coach? ¿Cómo te gustaría ser percibido?
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¿Qué crees que deberías cambiar? ¿Qué crees que deberías conservar?
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El fundamento del Coaching: la confianza
Una vez que eres capaz de expresar congruencia en todas tus acciones, se abre un espacio para la confianza. No funciona al revés. Seguramente te ha pasado que vas al médico, y al llegar a la consulta, en los primeros treinta segundos ya tienes formada una imagen del doctor. Percibes si es bueno o no, si te va ayudar o no. Dependiendo de ello, se creará un espacio relacional de confianza, o de recelo.
Hay cercanía en un proceso de Coaching, surgen situaciones en ocasiones intimas, o cargadas de mucho dolor. El cliente llega con sus conflictos, con su lucha interna. Ciertamente, no trabajamos con contenidos, pero si con emociones, por lo que un ambiente de confianza es fundamental. De la mano de la confianza viene el rapport, una comunicación de inconsciente a inconsciente, entre el coach y su cliente.
Si no hay rapport, no hay Coaching. Una vez que se construye, comienza en proceso de Coaching propiamente. Al rapport se llega a partir de nuestra congruencia, de nuestra capacidad empática, de la apertura sin restricciones, del acompañamiento que podemos brindar, y que el cliente percibe como sincero. Al cliente no le importa tanto si sabemos o no, le interesa más saber si lo podemos ayudar, o no. Nuevamente, es un tema de percepción.
A mis alumnos les digo, tómense en tiempo necesario para establecer rapport con el cliente, será el tiempo mejor invertido. Un buen rapport se traduce en procesos que fluyen al ritmo de la palabra, del buen humor, de la apertura incondicional del cliente a nuevos aprendizajes.
El principio de autoridad, ¿te lo crees o no?
Otorgamos credibilidad a las personas que percibimos con autoridad, en determinada materia. La autoridad a su vez confiere poder, el poder de convencer. Se puede tener poder, el de un cargo, por ejemplo, pero no necesariamente autoridad.
Ser una autoridad en determinada materia no es una concesión graciosa, es un constructo en el que interviene el que posee los conocimientos y la experiencia, y el que los percibe y valora.
El dicho reza: “crea fama y acuéstate a dormir”. La fama es un criterio engañoso. Muchas personas vienen precedidas de aura de sabiduría, que no es tal cuando las conocemos. No por eso el refrán deja de ser elocuente, peor aún, cuando la fama es negativa.
Una cosa es cierta, la autoridad parte por uno mismo. Si yo creo en el fondo que soy bueno en lo que hago, y tengo las evidencias para sustentarlo, experimentaré mi propia autoridad.
Mi formación como ingeniero agrónomo me llevó hace unos años a especializarme en nutrición mineral. Hice del tema mi pasión, me dediqué con ahínco a investigar los secretos de las raíces y sus amoríos con el suelo,

y terminé siendo un referente en la materia. No solo me había ganado la autoridad de mis colegas, sino que me lo creía.
El coach no escapa a esta dinámica. Al principio, cómo te perciba el cliente va a depender de cómo te percibas tú. Esto no quiere decir que recurras a engañarte a ti mismo, lo cual requiere que respondas la siguiente pregunta ¿estoy realmente preparado para esto?
Seguramente me dirás que nunca estamos preparados del todo, de acuerdo, pero debemos hacer el intento, y sentir que tenemos la autoridad necesaria (no sé si suficiente), para que el cliente nos perciba de la misma forma, lo cual podrá confirmarlo luego de una conversación exitosa.
Cuando alguien me pide un consejo, suelo decirle, haz del Coaching tu pasión, esfuérzate, preparate todos los días, y la autoridad comenzará a prender en ti, como una sensación que te advierte, y que te obligará, a hacerlo cada vez mejor. Una suerte de cruzada, en solitario, que bien vale toda la dedicación que le pongas. Recuerda, al final, podrás creer lo que tú quieras, pero el cliente tendrá la última palabra.
La proyección de seguridad
Con la autoridad, surge la seguridad, y viceversa. Dos percepciones, dos caras de la misma moneda. Miren los comportamientos de esas personas que saben lo que hacen. Mientras lo hacen, emanan un aire de seguridad a toda prueba. Se saben expertos y actúan como tal, ¡pero sin proponérselo! ¿Notas cómo se mueven, los gestos que hacen, la mirada, las pausas, la humildad que emanan, la sonrisa de comprensión, la calidez de sus palabras? Todos esos elementos derivan de una profunda seguridad en sí mismos. No solo expresan seguridad, la sienten.
Usualmente, cuando se les pregunta cómo hacen lo que hacen, la respuesta habitual es “no lo sé, solo lo hago”, y esto ocurre porque se encuentran en un nivel de aprendizaje conocido como “competencia inconsciente”, vale decir, conscientemente no logran traducir su sapiencia, no saben explicarla, simplemente actúan desde una metaposicion inconsciente.

Derechos de autor. Prohibida su reproducción.
Si el conocimiento manifiesto es parte de la autoridad, la sabiduría lo es de la seguridad. El cliente lo nota. La inseguridad no se puede simular, tarde o temprano te delata.
La seguridad se adquiere con el tiempo, se añeja sin prisa, como una buena bebida. Implica sosiego, calma. Una especie de remanso, donde damos cuenta del devenir de nuestras emociones. El temor, la incertidumbre, la duda, dan paso a la compresión de nuestros procesos, como seres humanos, desde una mirada amorosa. En ese espacio solo hay lugar para la paz, y la risa, ¡que yo mismo me provoco!
En mis primeras sesiones de Coaching, recuerdo que mis pensamientos se agitaban como aves revoloteando en una jaula. Pensaba en lo que podía salir mal, en el tipo de cliente que “enfrentaría”, en lo complejo que podría ser “llegar a soluciones”, etc. Creaba en mi cabeza un guion para Tarantino. Al final de cada sesión, me daba cuenta de lo ilógico de mis presunciones, y cada vez salía más convencido de mis habilidades, que poco a poco iba consolidando. Si eres constante y disciplinado, lo mismo pasará contigo, te lo aseguro.
La seguridad está en ti, solo tienes que descubrirla. Cada paso que des, te acercará a ella
¿Cuánta seguridad expresas en tus acciones? ¿cuán seguro crees que te percibe el cliente? ¿tus pensamientos revolotean como aves, o hay calma en ellos? Escríbelo, por favor:
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Recuerda, por tus acciones te conocerán. La incongruencia se manifiesta de muchas formas. Es decepcionante observar a colegas enfrascados en discusiones estériles para hacer valer su punto de vista, a como dé lugar. Los he escuchado insultando a viva voz en un arrebato de mal humor. Los miro sufrir su propia incapacidad para decir qué camino tomar en un momento dado. Los veo interrumpir continuamente al otro, como si su opinión fuera lo más importante.
La calumnia, la falta de decoro, la hipocresía, la deshonestidad, la irresponsabilidad, son también manifestaciones de incongruencia en un coach. Por cierto, todas ellas presentes, en mayor o menor grado, como áreas grises del quehacer humano.
El coach debe enfocarse, no en luchar contra sus propias carencias, sino en alimentar la polaridad contraria, su lado esencialmente humano. Vivimos en una continua dicotomía, pero también tenemos la posibilidad de escoger, y hacerlo bien. Ello requiere un arduo trabajo. Implica un estado de consciencia donde doy cuenta de mí mismo. Lo sé, puede ser agotador, y lo es, pero siempre es posible ser un poco mejor cada vez, sin pretender alcanzar el nirvana.
La impecabilidad de la palabra
Wittgenstein dijo: “los límites de mi mundo, son los límites de mi lenguaje”. Somos lo que decimos. Si hablamos de la importancia de la coherencia para el coach, el lenguaje ocupa un papel preponderante.
Pero ¿a que llamamos “impecabilidad de la palabra”? a hacernos responsables de las declaraciones, juicios, afirmaciones, pedidos, ofertas, y promesas que hacemos. Cuando hablamos ocurren cosas. El lenguaje es generativo. Cuando, por ejemplo, hacemos declaraciones fantásticas (“me comprometo a ser el mejor coach que la historia haya conocido”), estamos comprometiendo nuestra propia credibilidad. Cuando hacemos afirmaciones falsas (por ejemplo, “todos los días se gradúan cerca de cincuenta mil coaches en todo el mundo”), ponemos entre dicho nuestra imagen.
Así pues, la impecabilidad de la palabra tiene que ver con lo que te dices a ti mimo (diálogo interno), y lo que le dices a los demás. Piensa simplemente en el estado interior que se genera dentro de ti al decir “puedo y quiero hacerlo”, frente a decir “no creo que pueda hacerlo”. En uno y otro caso, observa que tipo de energía se genera, si abre o cierra posibilidades.
Obviamente, con la impecabilidad de la palabra, viene la impecabilidad personal, lo que implica poner lo mejor de sí mismo (conscientemente) en cada acto, en cada acción. Como antes mencionamos, vivir en congruencia entre lo que somos, lo que sentimos, lo que pensamos, y lo que expresamos.
Derechos de autor. Prohibida su reproducción.
Solo cuando existe este equilibrio y congruencia, nuestra energía vibra positivamente, y podemos resonar efectivamente, produciendo un efecto de contagio en los demás, y en el ambiente que nos movemos.
¿Qué aprendiste, y qué vas a poner en práctica?
¿Qué dices con relación a la confianza y seguridad que trasmites a tu cliente? ¿Qué tendrías que mejorar? ¿Qué tendrías que eliminar?
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¿Qué dices con relación con el principio de autoridad? ¿Crees que tienes autoridad? ¿El cliente la percibe? ¿Cómo lo sabes?
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En cuanto a la impecabilidad de tus palabras, ¿Qué crees que es necesario corregir?
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Lo que piensas de ti, la historia que cuentas

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Un camino de vuelta al corazón

Autor: Andrés Monroy V.
Máster Coach Trainer

Un camino de regreso al corazón

Lo que piensas de ti, la historia que cuentas, determina el grado en que te valoras, lo que a su vez genera las actitudes y comportamientos que realizas, así como los resultados que obtienes. Al mismo tiempo, lo que piensan los demás sobre ti, tiene también una gran importancia en la forma en que te evalúas.

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Capítulo 1
Háblame de ti
«Es el amor por excelencia lo que hace ser»
Maurice Blondel
Lo que piensas de ti, la historia que cuentas, determina el grado en que te valoras, lo que a su vez genera las actitudes y comportamientos que realizas, así como los resultados que obtienes. Al mismo tiempo, lo que piensan los demás sobre ti, tiene también una gran importancia en la forma en que te evalúas.
El hecho de vivir en sociedad, en un mundo fundamentalmente relacional, tiene sus implicancias, querámoslo o no. La opinión del otro nos afecta, un tema aparte es ¿en qué medida nos afecta? La transformación personal es en el fondo un constructo social.
Probablemente me dirás: “si, pero, lo que los demás piensen sobre mi es su realidad, no la mía”. De acuerdo, pero ello no implica que podamos ignorarla. En todo caso, no se trata de lo que dicen, sino de quien lo dice. No es lo mismo un comentario de un desconocido, que de una persona que respetas.
El problema surge cuando la opinión de un tercero, tiene mayor peso que tú misma opinión. O peor aún, cuando dependes de esas opiniones ajenas para sentirte de determinada manera, en ese caso, se termina esclavizado al escrutinio de los demás.
Todo pensamiento es energía
Hoy, la física cuántica demuestra que todo pensamiento es energía, y por tanto se traduce en el plano físico, se “materializa”. Tu vida hoy es lo que imaginaste tiempo atrás. Lo que imaginas en este momento es la construcción de lo que será tu vida en los próximos años. Matemáticamente.
En otras palabras, tus pensamientos atraen aquello que deseas. Pensamos porque hablamos, así es que debemos estar atento al tipo de declaraciones o juicios que hacemos, sobre todo con relación a lo que más deseamos. El poder de la palabra se manifiesta en la construcción de una realidad, de un mundo, que trae de la mano.
Esto quiere decir, que lo que piensas acerca de algo se constituye con el tiempo en tu verdad, en aquello que crees, y sobre lo que no tienes dudas. Con esa creencia andas por la vida, dando significado a todo lo que pase frente a ti. Mientras más firme es la creencia, más rígida es tu mirada, y menos flexible tu accionar. En un momento dado adquiere tal fuerza que llegamos a creer, sin titubear, que lo que nosotros pensamos que es la verdad sobre determinado aspecto, es la verdad, cerrando cualquiera posibilidad de cambiar la perspectiva.
La comprensión de nuestra forma de “funcionar” en el mundo, a partir de las creencias que nos constituyen, que se conforman como ejes verticales de nuestras acciones, y de los resultados que obtenemos, nos llevan necesariamente a revisar desde la amplitud, hasta qué punto somos responsables de dichos resultados, y de la necesidad de flexibilizar nuestra mirada, lo cual implica cambiar la forma en que concebimos nuestra vida, nuestras relaciones con los demás, y con el mundo como un todo.
Luego, si nuestros pensamientos (producto de nuestro emocionar, y viceversa), nos llevan a comportarnos de determinada manera, y a decidir lo que queremos ser, como será nuestro día, a donde queremos llegar, y cuáles son nuestros anhelos, podemos concluir que la vida es producto de lo que pensamos. A partir de mis pensamientos, yo decido la relación que quiero tener con el mundo, con un mundo que constituyo de esa forma.
Cada día vivido es producto de la dupla pensamiento-emoción-pensamiento, en un bucle de interacción ineludible. El resultado de esa dinámica determina las relaciones que tengo, las personas que atraigo, y las que no, porque si bien es cierto que la mirada del otro nos importa, también es verdad que debemos tener la fortaleza de criterio para determinar a que prestar atención y que ignorar.

Te invito a responder las siguientes preguntas: ¿Qué piensas acerca de ti mismo? ¿Cuán satisfecho estás siendo quién eres? ¿Quién quieres ser? ¿Qué estás dispuesto a cambiar? ¿Qué historia te gustaría que se contara sobre ti? Las respuestas solo te competen a ti. Hazte consciente de tus emociones y de tus pensamientos, y decide si te sientes a gusto siendo quien eres en ese momento de tu vida.
En última instancia, la palabra claves es aceptación, esto es, aceptarnos con todas nuestras fortalezas y limitaciones. El otro elemento determinante para una vida en equilibrio (aunque precario, equilibrio al fin), es abandonar el látigo del perfeccionismo, ese con el que nos auto flagelarnos en aras de intentar ser quien no somos.
Te propongo el siguiente ejercicio. Tómate unos minutos en lugar donde estés solo, en silencio, sin interrupciones. Busca una fotografía de aquella época en que eras apenas un niño, mientras más pequeño mejor. Obsérvala con cuidado. Mira como eras, detalla los gestos.
Mirate a los ojos. A través de ellos asómate a ese estado de inocencia presente en estado puro, cristalino. En esos ojos no hay más que transparencia. Asóciate con ese estado que alguna vez fuiste. Incorpora ese estado, siéntelo dentro de ti. Está ahí, oculto, pero intacto.
Ahora dale un vistazo rasante a tu vida, pasa por tu infancia, tu pubertad, la adolescencia, tu primera madurez, hasta el momento presente. Observa esos momentos maravillosos que viviste, tus logros, los desafíos que superaste, las grandes alegrías, y también los momentos difíciles.
Mira lo bien que ese niño lo ha hecho a lo largo de toda una vida, y siéntete orgulloso de él, de ti. Después de hacer este ejercicio tal vez cambie tu percepción acerca de ti mismo. Toma papel y lápiz. Escribe lo que sientes.

Alí, el genio que no quería salir de la lámpara

Alí, el genio que no quería salir de la lámpara

Autor: Andrés Monroy V.
Máster Coach Trainer

Otra mirada al significado de la palabra libertad

El mundo de los genios
No voy a comenzar esta historia con el consabido “había una vez, en un lejano pueblo”, aunque la idea del lenguaje ambiguo me tiente.
Prefiero ir al grano haciendo una pregunta: ¿conoces el cuento de “Aladino y la lámpara mágica”? ¿lo recuerdas, no es así?, ¿no?, bien, de entrada te digo que esta obra no tiene nada que ver con el mencionado personaje.

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Capítulo 1
El mundo de los genios
No voy a comenzar esta historia con el consabido “había una vez, en un lejano pueblo”, aunque la idea del lenguaje ambiguo me tiente.
Prefiero ir al grano haciendo una pregunta: ¿conoces el cuento de “Aladino y la lámpara mágica”? ¿lo recuerdas, no es así?, ¿no?, bien, de entrada te digo que esta obra no tiene nada que ver con el mencionado personaje. Si bien es cierto que Aladino es un clásico de Las Mil y Una Noches, me interesan más los supuestos poderes del genio que habitaba la lámpara.
El eje central de esa historia, es que Aladino descubre que la lámpara en cuestión, una vez frotada, sirve para convocar a un genio que está listo para conceder tres deseos a su benefactor, ¿a cambio de qué? ¡De su libertad!
Y es ahí donde me quiero detener, pues la pregunta me inquieta desde hace tiempo: ¿un genio que es capaz de cumplir los deseos que se le piden, ¡cualquier cosa!, pero no puede concederse así mismo algo tan preciado como la libertad? Obviamente, algo anda mal aquí.
Pues bien, yo tengo otra versión, y es la que quiero narrar en estas páginas. Tal vez no amerite un Asturias, pero te seguro que cambiará tu mirada acerca de los genios y sus genialidades, y de lo que tal vez entiendes por “libertad” (¡sí!, entre comillas).
Las metáforas tienen el don de la ubicuidad: encajan naturalmente con el momento en que se elaboran. Eso
sí, antes de seguir leyendo te pido un poco de apertura y flexibilidad, tal como hacemos con la fe, el amor, y otras creencias del mismo tenor.
Empecemos por el principio.
Los genios habitan en un mundo que les es propio, con sus costumbres y sus reglas. En ese lugar, lo único que diferencia a unos de otros, es la lámpara en la que viven. Éstas pueden ser de latón de media suela, hasta de acero con incrustaciones y arabescos. Algunas tienen una mecha, otras dos; unas más chicas, otras más grandes, en fin, una larga clasificación que no viene al caso.
En la tierra de los genios todas las lámparas, sin excepción, tienen una sola finalidad: alumbrar. Sin embargo, hay que decirlo, hasta en ese mundo las apariencias cuentan. La intensidad de la llama, la calidad del material, el lustre, y sobre todo lo exclusivo del diseño, determina el status que ocupa cada uno, en una sociedad que no escapa a los estereotipos, como toda sociedad que se respete. Aunque también hay que decirlo: así como el hábito no hace al monje, la lámpara no hace al genio.
Quizá no lo sabías, pero estos tienen criterio, y particulares formas de ver el mundo, sin embargo, la gran mayoría obedece a rutinas ancestrales en cuanto al “deber ser de las cosas”, la obediencia a los preceptos, y el respeto a las tradiciones. Un mundo aburrido, ciertamente.
Con esto quiero decir, que si bien la mayoría está deseoso de dejar su lámpara como un mandato imperativo, no todos están dispuestos a hacerlo, bien porque no tienen la menor idea de lo que significa la palabra “libertad”, o peor aún, porque terminan descubriendo que en el fondo, el poder para hacer realidad cualquier aspiración humana no depende de
ellos, sino de la persona que los invoca, sólo que ésta no lo sabe (o prefiere no saberlo); de lo que es fácil deducir lo que es claro desde el inicio de los tiempos: los seres humanos solo miramos lo que esperamos ver, lo que podemos ver dentro de nuestras limitaciones, todo lo demás queda fuera del “radar”.
Como bien puedes suponer, la desobediencia al “deber ser de las cosas”, tenía serias consecuencias, en un mundo de férrea disciplina milenaria.
Alí, nuestro personaje, es uno de esos genios que se atrevió a desafiarla.

Deep Coaching.

Deep Coaching.

Claves para cambiar tu vida e inspirar a los demás.

De la teoría a la práctica del coaching

Autor: Andrés Monroy V.
Máster Coach Trainer

Distinciones, y su importancia en la práctica del Coaching?

¿Por qué todo un capítulo sobre distinciones, y su importancia en la práctica del Coaching? Por al menos tres razones que lo justifican.
Primero, porque nuestra existencia como seres humanos está estrechamente vinculada a la amplitud de nuestras distinciones, entendidas estas como operaciones a partir de las cuales cada quien constituye una realidad única, irrepetible, e intransferible.
Segundo, porque siendo un elemento fundamental en nuestra forma de estar siendo, es transversal en un proceso de Coaching, y por lo tanto, es determinante su comprensión y manejo.

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Capítulo 1
Distinciones en el Coaching
Hay dos maneras de vivir tu vida: una como si nada fuese un milagro, la otra es como si todo fuese un milagro.
Albert Einstein
¿Por qué todo un capítulo sobre distinciones, y su importancia en la práctica del Coaching? Por al menos tres razones que lo justifican.
Primero, porque nuestra existencia como seres humanos está estrechamente vinculada a la amplitud de nuestras distinciones, entendidas estas como operaciones a partir de las cuales cada quien constituye una realidad única, irrepetible, e intransferible.
Segundo, porque siendo un elemento fundamental en nuestra forma de estar siendo, es transversal en un proceso de Coaching, y por lo tanto, es determinante su comprensión y manejo.
Y, en tercer lugar, porque hoy por hoy es clave para el Coach profesional, mantener su efectividad en un contexto de alta complejidad, disrupción tecnológica, y cambios acelerados. Una realidad inmersa en un compendio de emociones, donde el miedo y el temor lideran, y determinan, las decisiones que toman las personas, los equipos de trabajo, y las Organizaciones en todos sus niveles.
Esa efectividad va de la mano de la flexibilidad y amplitud del Coach, para incorporar nuevas distinciones en su quehacer profesional.
Más allá del estar siendo Coach, tu poder como ser humano reside en tu habilidad para hacer distinciones, y la posibilidad de hacerlas se abre cuando una persona escucha con cuidado lo que se está diciendo a sí misma, en medio de sus diálogos internos. El problema es que es mucho más fácil no escuchar. ¿Por qué? Porque la rigurosidad con la conversación interna exige un esfuerzo, que el simple acto de oír (sin interpretar) no exige.
Para Humberto Maturana, “la realidad emerge para nosotros con base en nuestras distinciones, que se realizan de una manera particular, según la singularidad de cada individuo”
Vemos lo que somos capaces de distinguir (siempre en el lenguaje), desde nuestra particular forma de mirar. Lo que no se distingue no existe. No hay una realidad fuera de nosotros. Esta se constituye en el lenguaje, a partir de la forma que hemos aprendido a dar significado a todo aquello que nos ocurre.
Ludwig Wittgenstein dice que el lenguaje sólo puede cruzar en silencio cualquier realidad que exista más allá de él. Nada ocurre para el Observador, en ningún dominio, en ausencia de distinciones lingüísticas. No me es posible nombrar algo que no exista en el lenguaje. Martín Heidegger es más enfático: el lenguaje es la casa del ser.
Las teorías de estos filósofos van a generar el famoso “giro lingüístico” en el mundo occidental, esto es, aparece una nueva forma de relacionar al ser humano con el lenguaje, ya no como un instrumento que permitía describir el mundo, pasivamente, a partir de una realidad que ya estaba ahí para ser narrada, sino como eje central, activo, no solo para contar, sino para generar mundos e influir decididamente en la construcción del sujeto social.
Así pues, el tema de las distinciones en el Coaching, como herramienta de intervención, es crucial. Reitero: el Observador aparece solo si es capaz de hacer distinciones, ¿Por qué? Porque sólo podemos observar lo que somos capaces de mirar como algo diferente.
Observo a través de mis distinciones, que al final del día me constituyen en el Observador que estoy siendo, y determinan mi forma de relacionarme con el mundo. Tal vez por eso, el físico John Wheeler propuso reemplazar el término «observador» por el de «participante», sugiriendo que además de mirar el mundo participamos de él.
Veamos un ejemplo. Seguramente has escuchado la quinta sinfonía de Beethoven, y cada vez que lo haces aprecias su majestuosidad, y te dejas llevar por sus notas que expresan toda una gama de sentimientos. Hasta ahí miras el mundo (la obra) como un espectador más. No hay mayores distinciones. Pero si llevado por la curiosidad (deseo de aprender) investigaras acerca de Beethoven y los detalles y rasgos de su composición, comenzarías a observar la Quinta Sinfonía con otros ojos, de manera diferente. Un Observador que antes no estaba, aparece.
Como bien podemos colegir, quién distingue es siempre un Observador (o participante), alguien que mira desde su propia concepción del mundo, desde su historia, sus creencias, su cultura, sus experiencias. En el ejemplo anterior, ya no es “solo” la Quinta Sinfonía, es la nueva interpretación que ahora haces de ella.
Siendo así, es imposible separar el objeto a distinguir del Observador que distingue, del ojo de quien lo mira. La física ha determinado que el Observador, ¡y sus expectativas!, modifican el objeto observado. Experimentos realizados por el Dr. Dean Radin sugiere que no existe una realidad independiente de su observación (Global Consciousness Proyect, Universidad de Princeton, Estados Unidos)
Siendo así, sobre ese objeto en cuestión habrá tantas interpretaciones como Observadores presentes. Desde ese punto de vista, estamos convencidos que no hay interpretaciones buenas o malas, solo hay distinciones diferentes.
Pero atención, toda interpretación se sustenta en interpretaciones previas, que a su vez se sustentan en otras interpretaciones que la anteceden, en un espiral sin fin, tal como nos dice Hubert Dreyfus.
Así pues, no hay interpretaciones “originales”. Somos arrojados a un mundo que se hace a sí mismo, sobre sus propios cimientos. Toda nueva interpretación (reinterpretación) no es más que un reordenamiento de una comprensión previa.
En la medida que afinamos el espectro de distinciones, ampliamos nuestra mirada y nuestras opciones a la hora de decidir, y con ello la modificación de acciones, y el rango de posibilidades en el que nos movemos.
¿Qué hacen los Coaches?
Los Coaches buscamos que la persona adquiera la habilidad de mirar las cosas de manera diferente, ampliar su horizonte de posibilidades, y encontrar nuevas opciones para solucionar (o “disolver”, en palabras de Rafael Echeverría), satisfactoriamente, las diferentes situaciones que se le presentan. Para ello es fundamental conocer y ampliar las distinciones que permite el lenguaje. Toda distinción emerge de una conversación, y dentro de esta, del nivel de escucha que hayamos desarrollado
En mi caso, soy heredero (como muchos otros), de una generación cuyos paradigmas se enmarcaban en expresiones como “trabaja duro para lograr el éxito, y alcanzar la felicidad”, “sin sacrificio no hay gloria”, “nada mejor que un buen empleo que garantice jubilación, y con ella la paz”. Las distinciones que traslucían estos juicios eran muy claras: “trabajo duro-felicidad”, “sacrificio-gloria”, “jubilación-paz”
¿Funcionaba? ¡ciertamente!, la sociedad se mueve al ritmo de sus propios paradigmas, de sus propias distinciones, reales o no; verdaderas o falsas. Estas marcan el ritmo de lo que hacemos, de lo que somos.
La buena noticia es que estas no son estáticas, cambian, conforme cambia el Observador, que a su vez es sujeto de una cultura que se mueve y evoluciona al son de su propio devenir.
Pero atención, distinguir y conocer no es lo mismo. Conocer algo implica entenderlo de forma racional y aun así vivirlo como algo que no me permea, algo ajeno a mí. Mientras quién distingue algo, lo incorpora, lo hace parte, lo experimenta, y lo utiliza.
Por ejemplo, siempre tuve la idea y el deseo de escribir. Hacia cursos de escritura y redacción, leía infinidad de autores, quizá preparándome inconscientemente para tal fin, y llegué a conocer (con sus obvias limitaciones) el arte de la escritura. Hasta ahí todo muy bien.
Cuando inicié la escritura de mi primer libro (Entre lianas y serpientes. Coaching y PNL en acción), me di cuenta que comenzaba a hacer distinciones que antes no estaban allí, o que por lo menos no podía ver. Distinciones que vengo incorporando en mi quehacer como escritor. Un quehacer siempre inacabado.
En ese distinguir, me encuentro con nuevas distinciones que apuntan a estructuras sutiles, a planos más elevados que me constituyen como ser humano: no puede haber crecimiento, en ninguna de sus áreas (profesional, familiar, etc.), si no hay desarrollo espiritual, sino miramos muy dentro de nosotros. Primero debemos intentar ser lo que sospechamos (siempre es una sospecha) queremos ser, después todo lo demás, como círculos concéntricos que nos abrazan y se expanden.
Lamentablemente, en palabras de Ivonne Hidalgo, “muchas veces suele suceder que nos quedamos en la superficie de todas las distinciones y tenemos que tener profundidad, porque ese es nuestro aporte básico y diferenciador, hay que ir mucho más profundo, nosotros debemos desarrollar la excelencia en el manejo de las distinciones” [1]
En éste capítulo desarrollaré algunas distinciones, que desde mi experiencia, son claves para un Coach profesional, más allá de los conceptos que hoy proliferan por doquier. Este manual pretende que esas distinciones contribuyan, complementen, y determinen el estar siendo un mejor Coach, en ese espacio de encuentro íntimo con el Otro. Un espacio de mutua transformación.
Somos seres limitados
El dominio sobre nuestra existencia es limitado, más no por ello deja de ser una responsabilidad. Ese límite no solo hace referencia a nuestra constitución biológica, que de por si lo es, sino al hecho de vivir en un continuo e inexorable relacionar, donde el otro juega un rol determinante que nos afecta, querámoslo o no; después de todo, “el vivir humano se da en el conversar”, tomando palabras de Humberto Maturana.
Así pues, el mundo en que vivimos se configura en ese convivir (vivir con). En ese espacio de convivencia la “capacidad de maniobra” está circunscrita al contexto, la cultura y sus preceptos, donde nos toca realizarnos como seres humanos, conscientes de esa realidad prefigurada y contingente.
El desafío implica abrazar nuestra realidad (constituida por nuestros límites), de una manera distinta, a partir de las distinciones que seamos capaces de hacer.
La posibilidad de vivir a plenitud siempre está allí, pero quizá no tenemos la suficiente amplitud de mirada para hacerlo, para poder apreciar el milagro de la vida en toda su magnitud, sino apenas unos cuantos retazos que creemos representa una realidad que es mucho más grande y atractiva. Es como mirar el corto segmento de una película, y con ese trozo intentar reproducirla completa. Es como mirar la vida por el ojo de una aguja.
Tal como mencioné en la Introducción de este libro, las distinciones, una vez incorporadas (in corpore), nos ayudan a observar las cosas con una mirada diferente, y necesariamente a reflexionar sobre nuestra forma de actuar ante determinadas circunstancias, que siempre puede ser de otra manera.
Vivimos en un mundo contingente. Luego, el verdadero poder del ser humano reside en su habilidad para construir nuevas distinciones que le permitan adaptarse con éxito a los diferentes contextos por los cuales transita. Veamos.
La mirada fundamenta nuestra relación con el universo. Hay más de doscientos sinónimos para la palabra Distinguir, he aquí algunos de ellos: diferenciar, separar, discriminar, discernir, deslindar, contrastar, comparar, percibir, divisar, vislumbrar, notar, ver, entrever, avistar, observar, oír, advertir, apreciar. Todo ello a partir de la “recolección de datos” que realizan nuestros sentidos, y su posterior “filtrado” y categorización.
Como expresé anteriormente, sólo podemos observar lo que somos capaces de distinguir como algo diferente y, por otro lado, cuando sabemos distinguir entre las cosas adquirimos un aprendizaje que nos permite mirar más allá, ampliar nuestro espectro, y modificar nuestras acciones.
Distinguir implica entonces, como resultado “aguas abajo”, decidir. Decido desde lo que soy capaz de distinguir. La naturaleza de mis decisiones, y por tanto de mis acciones, depende de ello.

Los Coaches buscamos que el Cliente adquiera la habilidad de mirar las cosas de manera diferente, y encontrar nuevas opciones y soluciones a las diferentes situaciones, por ello es importante conocer las distinciones que el lenguaje nos permite.
Veamos un ejemplo, bastante común. Ante una situación determinada que se nos presenta a nivel laboral, tenemos la costumbre de llamarla “problema”, es decir la categorizamos de una forma que nos conecta directamente con dificultad, incapacidad, falta de opciones, falta de recursos, etc.
Observa que la situación en sí misma es inocua hasta que le damos el marco que otorga la distinción “problema”, y obviamente, estos están para ser resueltos, no para convivir con ellos.
El “verdadero problema” está en la forma en que se aborda la situación. Entonces, el problema no es el problema, ¡el problema soy yo! Si aprendemos la distinción “situación” versus “problema”, tendremos muchas más opciones para su solución, ¿Por qué? Porque una “situación” plantea la posibilidad de ser gestionada (de hacerme cargo) desde una mirada más amplia; mientras que el “problema” puede llegar a lucir fuera del alcance de mis posibilidades inmediatas.
Como éste, hay muchas distinciones que abordamos a diario, y de las cuales muchas veces no tenemos consciencia. He aquí algunas de ellas de las que el Coach debe dar cuenta

 

Los nuevos paradigmas, las nuevas perspectivas

Entre lianas y serpientes.

Coaching y PNL en acción

Los nuevos paradigmas, las nuevas perspectivas

Autor: Andrés Monroy V.
Máster Coach Trainer

El cambio

Nos debatimos permanentemente en la eterna dicotomía del ser o no ser, del blanco y el negro, del bien y el mal. Es nuestra naturaleza. Nuestra vida es una encrucijada permanente, a cada rato el camino se bifurca y nos obliga a tomar decisiones, esa es la dialéctica, es el cambio permanente lo que señala nuestro devenir, la evolución se constituye en razón de ser. Nunca pasa la misma agua bajo el mismo puente, nunca nos bañamos en el mismo rio. Nada en la vida se repite.manejo.

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Capítulo 1
Los nuevos paradigmas, las nuevas perspectivas
Siempre fuiste mi espejo, quiero decir que para verme tenía que mirarte
Julio Cortázar
El cambio
Nos debatimos permanentemente en la eterna dicotomía del ser o no ser, del blanco y el negro, del bien y el mal. Es nuestra naturaleza. Nuestra vida es una encrucijada permanente, a cada rato el camino se bifurca y nos obliga a tomar decisiones, esa es la dialéctica, es el cambio permanente lo que señala nuestro devenir, la evolución se constituye en razón de ser. Nunca pasa la misma agua bajo el mismo puente, nunca nos bañamos en el mismo rio. Nada en la vida se repite.
Algunos propician el cambio, otros fluyen con él casi sin darse cuenta, unos marcan un destino, otros prefieren y confían en el azar, a unos los empuja la corriente, otros se trepan en la ola. A unos y a otros el tiempo los alcanzará más temprano o más tarde. En última instancia, el destino no existe, solo existe el presente, fugaz, instantáneo y escurridizo, tan cercano al pasado que por fracciones se mimetizan. Casi la misma cosa.
El asunto es que cuando eso ocurra y hagas un alto, puedas echar una mirada atrás, ver el camino recorrido, y saber a ciencia cierta si estas satisfecho o no con lo que hiciste, solo tu corazón te lo dirá, allá, en lo más profundo de tu conciencia. Quizá se dibuje una tenue sonrisa en tus ojos, quizá no. Lo demás poco importa. El aplauso va por dentro, el silencio resignado también.
Frente a esas encrucijadas que permanentemente nos encontramos en la vida, se me viene a la mente la pregunta de rigor, la que le hizo Alicia al gato de Cheshire:

—¿Me podrías indicar hacia donde tengo que ir desde aquí? — pregunta Alicia.
—Eso depende de a dónde quieras llegar — responde el gato.
—A mí no me importa demasiado a donde.
—En ese caso, da igual hacia donde vayas.
—Siempre que llegue a alguna parte
—¡Oh! Siempre llegarás a alguna parte, si caminas lo bastante
Si no sabes a dónde vas, ni que quieres, no importa el camino que tomes, da igual, simplemente dejas en manos del azar tu destino, luego no te quejes si lo vientos azotan tus velas. Pero si no lo sabes, y te gustaría saberlo, te invito a que te adentres en el mundo de la PNL y el Coaching, en mi opinión dos faros que iluminan en medio de la noche, guías certeras en la oscuridad.
El reciente descubrimiento de la plasticidad del cerebro es una buena noticia. La capacidad de las células nerviosas para regenerarse anatómica y funcionalmente, como consecuencia de estímulos ambientales, nos permite emitir respuestas eficientes ante cualquier circunstancia, o producir nuevos aprendizajes, en un infinitum de posibilidades.
La perseverancia perfecciona el aprendizaje, sin práctica no hay cambio posible pues se trata de enseñarle al cerebro nuevas formas de hacer las cosas, y este aprende por repetición, pues un solo estímulo no produce nuevas conexiones sinápticas, ni redes neuronales estables.
Esto quiere decir, que todo aprendizaje nuevo tiene un referente neuronal asociado que se construye en la medida que dicho aprendizaje se consolida. Por ejemplo, una persona que empieza a tomar clases de violín con el pasar del tiempo ira conformando, en áreas especificas del cerebro, conexiones y entramados sinápticos relacionadas con el manejo de ese instrumento, o con cualquier otra cosa que realice. En otras palabras, no hay límites para todo aquello que nos propongamos, toda vez que el cerebro actuará como un modelador de comportamientos específicos, en la medida que recibe y procesa la información que le suministramos metódica y sistemáticamente.
Así pues, de lo único que vamos a requerir es de disciplina y perseverancia hasta lograr consolidar el aprendizaje que nos hemos planteado, a partir de lo cual lo reproduciremos de forma automática sin analizar mucho el asunto. Como seguramente recordarás, la primera vez que te subiste a una bicicleta tuviste que hacer varios intentos (y seguramente varias caídas) hasta que lograste dominarla. Pero si tienes tiempo sin subirte a una y lo haces puedes comprobar que no has olvidado como echarla a andar sin mayores dificultades. El aprendizaje permanece instalado a pesar del tiempo.
El pecado original…
Si de algo podría ser acusada la educación formal en el mundo occidental, es de haber privilegiado desde sus inicios el estímulo y desarrollo del hemisferio cerebral izquierdo, en detrimento del derecho, haciendo de los habitantes de esta parte del mundo seres que utilizan, en buena medida, “un porcentaje” de tan portentoso instrumento de la evolución, a pesar de que ambos hemisferios son interdependientes, y trabajan de manera coordinada.
Aprendimos, que somos seres cuyas acciones están imbuidas de razón y de cordura, lo cual es falso; lo que nos mueve son las emociones, estamos constituidos emocionalmente, pero nos enseñaron a usar la razón para limitar nuestras expresiones emocionales, según algunos “índice inequívoco de debilidad”. Como podemos suponer, esto no es nuevo.
En la versión optimista de nuestra historia, inmersa en una larga tradición filosófica que parte de la antigua Grecia, la razón se impone a la emoción, la lógica gana a la pasión. Siglos después, figuras como Francis Bacón y René Descartes completaron la tarea, ayudando a crear un modo de pensar cimentado en el Método Científico. La razón, como brújula para la acción, prometía certezas en una sociedad que concebía al ser humano como una máquina que se ajustaba a las leyes de la física.
El Método Científico permitió, hay que reconocerlo, innumerables avances y descubrimientos, pero dejó a un lado la parte más importante, nuestro mundo inconsciente. Fuimos educados para ver solo la mente consciente, nos enfocamos en ella, y damos por supuesto que es todo lo que hay. Sin embargo, son las habilidades no cognitivas, esas que no son fáciles de contar o medir, las que conducen a la felicidad y a la realización. En dos palabras, no somos fruto de nuestros pensamientos conscientes, por el contrario, derivamos fundamentalmente del pensamiento que tiene lugar por debajo del nivel de consciencia.
Algunos investigadores han llegado a sugerir que la mente inconsciente hace prácticamente todo el trabajo, y que la mente consciente acaso sea una ilusión, una que inventa historias que intentan dar sentido a lo que está haciendo la primera por su cuenta. No obstante, los avances espectaculares en el campo de la neuro ciencia en los últimos años, aun nos seguimos guiando por viejos patrones racionalistas. Es decir, colocamos en un segundo plano la masa neuronal del hemisferio derecho, donde se cultiva la creatividad, las ilusiones y los sueños, privilegiando la razón y la lógica, reproduciendo comportamientos aprendidos, o sugeridos por alguien, en alguna etapa de nuestra vida.
En efecto, nuestros patrones de comportamiento, nuestra forma de ser, no son propios, son asimilados y ordenados por nuestra mente como esquemas que se rigen, y responden, a convencionalismos sociales de adaptabilidad. En este punto es fundamental comprender que las personas no se desarrollan y luego establecen relaciones, no, la persona nace en las relaciones con sus padres o tutor principal, y a partir de estas relaciones se crea la persona que es. El mundo del ser humano es un mundo relacional, a pesar de que en esencia somos solitarios.
Vivimos pues en una sociedad que restringe el desarrollo emocional, o peor aún, lo corrompe e inválida, pues se asocia equivocadamente con debilidad o falta de carácter. Esa negación de un rasgo vital de nuestra naturaleza, principalmente en la infancia, determina en buena medida los problemas que nos acompañarán a lo largo de nuestra vida adulta. Expresiones como “los niños no lloran”, “los varones deben ser valientes”, o “las niñas no deben jugar con los varones”, y viceversa, son expresiones que cercenan una buena parte del Ser, de lo que somos.
Ese modelaje de comportamientos muchas veces equivocados, principalmente en el hogar, donde los roles de sus miembros obedecen a esquemas que se remontan al pleistoceno, y han sido trasmitidos de generación en generación, reproducen a su vez conductas (con escasas variaciones en los últimos cien años) que nos alejan del centro, de la persona auténtica que en el fondo somos pero que no puede manifestarse como tal.
Un niño que observe a su padre propinándole maltratos a su madre muy probablemente será un maltratador siendo adulto. De igual manera, un niño que se desarrolle en un hogar donde se cultiven valores y principios tendrá un desarrollo más equilibrado en sus relaciones futuras.
De esta forma vivimos vidas predeterminadas en buena medida por las experiencias, para bien o para mal, y no es solo un decir, o un teorizar sobre el asunto: la pobreza y la desorganización familiar pueden alterar el inconsciente (el cual es sumamente sensible al entorno), es decir, el modo en que los individuos perciben y entienden el futuro, y su mundo.
Los niños nacidos en hogares donde las relaciones son armoniosas por lo general se correlacionan con un buen rendimiento escolar, con fluidez comunicativa, con la empatía y la asertividad, y con la suerte que correrán en la vida.
No queremos decir con esto que los niños que nacen con desventajas están condenados de antemano a una vida de sufrimientos, de hecho, de acuerdo con recientes investigaciones, apenas un tercio de los individuos que han sufrido abusos en su infancia muestran alguna secuela grave en la edad adulta. ¿Por qué ocurre esto? Pues porque hay un factor clave: el temperamento. Si este es lo suficientemente flexible la persona logrará superar esas desventajas, y por lo visto el ser humano viene equipado con ese “kit” de emergencia. El asunto es si lo desarrolla o no. De eso hablaremos a lo largo de este libro, de acercarnos a nuestra autenticidad humana: la emoción, y con ella la osadía intelectual, el atreverse a hacer las cosas distintas, a pensar diferente.
Arrojando la luz donde es preciso…
Hoy se sabe que en el estudio de un problema el proceso que determina su solución se desarrolla al margen de la conciencia, terreno claramente enmarcado por nuestro hemisferio izquierdo, secuencial, acostumbrado a la rutina y a los hábitos. Parafraseando a Sartre, “el ser humano comete el error de creer que puede resolver sus problemas utilizando como única herramienta el sentido común”.
Aunque para ser justos, debemos aceptar que sin la razón viviríamos en una especie de permanentes fuegos artificiales, de explosiones emocionales caóticas, sin son ni ton. La lógica y el análisis se esfuerzan por darle sentido a ese mar de sentimientos y sensaciones donde navegamos a la deriva, creando la ilusión de control, de autonomía, y así terminamos creyéndonos el cuento que somos seres racionales, y que nuestra vida se rige por sesudos análisis, más aun, asumimos como verdad inobjetable que las decisiones que tomamos están desprovistas de emociones, cuando en el fondo todo lo que somos se sostiene sobre estás.
Las emociones existen como pieza clave de nuestro diseño evolutivo. La verdad humanista fundamental es que podemos utilizar la mente consciente para encausar la mente inconsciente. Podemos hacer uso de la razón para desarrollar y direccionar nuestras emociones y sentimientos. La paradoja está en que la razón no puede existir independientemente de las emociones, más aun, se sustenta sobre éstas.
Según el biólogo Humberto Maturana, “el modo de vivir que ahora vivimos está determinado por la emocionalidad, por el espacio psíquico emocional que aprendimos a vivir desde niños, no por el conocimiento, o los tipos de argumentos racionales que podamos haber acumulado a lo largo de nuestra vida”.
Coeficiente Intelectual Vs. Coeficiente Emocional
En 1995 Daniel Goleman12 puso sobre el tapete algo que ya se sabía pero que no se había hecho público: la inteligencia emocional precede al intelecto, a la razón y a la lógica. Su libro causó tanto impacto, que hoy, casi veinte años después, sigue estremeciendo los viejos paradigmas que aun se resisten a cambiar.
Lo que hizo Goleman, apoyándose en los trabajos de investigadores como Carl Roger, Joseph LeDoux, Antonio Damasio, entre otros, fue una labor de investigación profunda que lo llevó a desentrañar estratos de nuestra historia evolutiva perdidos en el tiempo, que revelan lo que algún día fuimos y que dejamos de ser: una especie que vivía sus emociones como instrumento de socialización y de supervivencia.
La solidaridad grupal, vital en esos lejanos tiempos, era, y es, producto de la capacidad innata del ser humano para generar empatía, y con esta la compasión, el acompañamiento, y el apoyo al prójimo en toda circunstancia, pues no existiendo aun el lenguaje hablado, la palabra, la comunicación se estructuraba sobre símbolos y señas compartidas por el clan, todas ellas expresiones emocionales que reflejaban el sentir de cada miembro.
Evolutivamente, el cerebro reptil (paleo cerebro, instintivo por naturaleza) precedió al cerebro emocional (cerebro límbico), y este a su vez se desarrolló mucho antes que la nueva corteza. Así pues, al hecho de emocionarnos se sumó una estructura pensante, que en conjunto constituyen al homo sapiens que somos hoy; de esta forma aprendimos a tomar decisiones razonadas aprovechando el impulso de la emoción subyacente. Así es: primero nos emocionamos y luego tomamos decisiones, actuamos, de otra forma hubiese sido imposible mantenernos en el último eslabón de la cadena alimenticia.
Hoy, cientos de miles de años después, la estructura cerebral se ha desarrollado, somos más inteligentes, pero quizá a un precio muy alto, la gruesa capa del neo cortex parece cubrir, como en efecto lo hace, nuestro ser emocional primigenio, esencial, confinándolo a su mínima expresión.
Obviamente, la forma de comportarnos hoy no es un hecho fortuito, ni repentino, es el resultado de todo un tinglado cultural que se remonta desde la historia antigua hasta nuestros días, pasando por los postulados de Descartes, y los maravillosos vericuetos matemáticos de Newton y su universo mecánico. El velo de la razón cubrió la magia de la emoción.
Tan cierto es esto que hoy se llega a predecir la inteligencia de una persona, y el éxito que tendrá, mediante un artilugio (¡racional!) llamado Coeficiente de Inteligencia, la que de por si representa una sentencia adelantada, un determinismo inaceptable, que separa a los que tienen una puntuación por encima de los ciento veinte puntos (seres privilegiados), de los que tienen menos de cien puntos (los menos afortunados), ¿Es posible una cosa más descabellada que ésta?, cuando es por todos sabido que excelentes calificaciones en la universidad no es directamente proporcional al éxito futuro de la persona en su vida profesional , social o familiar. Pero bien lo dijo Einstein, es más fácil desintegrar un átomo que un prejuicio.
A la luz de lo expuesto por infinidad de investigaciones en el campo de las neurociencias en los últimos veinte años, no cabe la menor duda de la importancia de las emociones y el emocionar en el desempeño de nuestro día a día, que debe llevarnos a rescatar esa parte extraviada (no perdida) de nosotros mismos.
El Coeficiente Emocional (CE) nos dice cuan inteligente somos a la hora de administrar nuestras emociones, y hasta qué punto adaptamos el comportamiento al contexto donde nos hallamos. ¿Por qué es tan importante todo esto? Bueno, porque todas y cada una de las acciones que realizas (enamorarte, trabajar, dar un paseo, asumir un proyecto, terminar una relación, etc.) tienen como fundamento la motivación, y esta tiene como combustible la emoción. En dos platos, sino hay emoción, y con ella la pasión necesaria, no habrá motivación, y si no hay motivación terminarás haciendo lo que vayas a hacer desde el “tengo que hacerlo”, “debo hacerlo”, etc., y no desde “el quiero” y “deseo hacerlo”, obteniendo resultados muy probablemente mediocres en todo aquello que te propongas. Resultado: una vida insatisfactoria.
Luego, el aprender a emocionarnos, a reconocer nuestras emociones y a vivirlas plenamente, es un requisito indispensable para el éxito. Un líder de equipo que no sabe emocionarse, o que utiliza emociones como el miedo o el terror sicológico para motivar (mover) a sus subordinados nunca logrará resultados satisfactorios.
Los estudios del investigador de origen griego, Dr. Richard Boyatzis (profesor de Comportamiento Organizacional en la Case Western Reserve University, Ohio), determinaron que del total de habilidades que definían a los gerentes más exitosos a nivel mundial el noventa por ciento (¡si, 90%!) eran emocionales. En decir, si la persona no sabe emocionarse, sino adapta comportamientos, sino es capaz de administrar lo que siente, no generará el impulso suficiente para mover al resto de los empleados para alcanzar los objetivos propuestos. El problema de fondo es que aprendimos equivocadamente que los sentimientos son perjudiciales, signos de debilidad, que deben ser controlados por vía del intelecto, de esta forma los vemos como exhibidos en una vitrina, y no como lo que son: nosotros mismos. Terminamos así pensando en la forma como nos sentimos, más no sintiendo lo que sentimos, suprimiendo los mensajes del corazón.
Señoras y señores, la sensatez y las decisiones sensatas, están en el territorio de las emociones, no en el intelecto. Lamentablemente intelectualizamos todo, y terminamos matando la poesía, las ilusiones y los sueños, ¿Por qué? ¡Porque no son lógicos! El C.I. como el C.E. son parte de un todo, y actúan de forma interdependiente, la pequeña gran diferencia estriba en que mientras el C.I. es innato, no modificable, pues se nace con él, el C.E. si puede ser expandido a conciencia, ¡y esa es la gran noticia!
Esa es la razón por la cual una persona que realiza los más sesudos estudios en una determinada materia y logra importantes avances académicos no necesariamente se lleva mejor con la vida, o toma las mejores decisiones; mientras que una persona que posee habilidades emocionales, producto quizá de haber nacido en un hogar donde se estimulaba la creatividad, y la manifestación de emociones era respetada, son más exitosos a lo largo de su vida; y aun no teniendo un origen como el descrito puede, si se lo propone, desarrollar esas habilidades estimulando los recursos que yacen intactos en su interior.
A nivel de organizaciones, es fundamental entonces realizar acciones que estimulen el reconocimiento y desarrollo de habilidades emocionales, principalmente a nivel de la plana gerencial y/o directiva, después de todo son estos los modeladores de comportamientos y conductas que de manera inconsciente asimila el resto del staff, para bien o para mal. Una empresa productiva es por naturaleza una empresa emocionalmente sana, y eso comienza por sus líderes.
A nivel individual es hora de someter a escrutinio nuestras emociones y nuestro sentir, pero no desde el rigor del intelecto, sino desde los mensajes que nos llegan del corazón. No te preocupes si cuestionas estas palabras, esa es tu razón tratando de invalidar todo aquello que no pasa por su estrecho tamiz. Has silencio en tu mente, y déjate permear por lo que sientes, ese será un buen comienzo.
Desde esa perspectiva podemos ver la relación ineludible de coexistencia entre emoción y razón, comportándose como si fueran vasos comunicantes, afectándose mutuamente; la racionalidad está limitada por la emoción, pero al mismo tiempo la razón permite entender nuestro emocionar; sino fíjate como abordamos aquellos momentos difíciles que se nos presentan en la vida, y que al principio nos hacen sentir que no hay salida, pero que pasado el primer impacto, toma el mando nuestro lado racional, y coloca los acontecimientos en una perspectiva que permite su compresión distanciando la emocionalidad presente.
Así, podemos ver al trasluz como sentimos lo que sentimos, y de qué manera otorgar significados que nos ayuden a continuar en el camino. Tal vez ahora podemos entender porque es recomendable contar hasta diez, o cantar una canción, o dar un paseo, cuando nos sentimos enojados o atribulados por algo.
Lo otro que no podemos perder de vista es que estamos profundamente influidos por el contexto, más aun, es el contexto el que determina nuestros comportamientos, de allí que nuestra visión sea sesgada, pues nos apegamos a los preceptos que la cultura a determinado como espacio de convivencia. Por ejemplo, en el medio donde nos desarrollamos los habitantes de este lado del planeta, la mayoría tendemos a procurarnos gratificaciones inmediatas sin pensar mucho en el futuro. Decimos con frecuencia “la vida es hoy” antes de arrancar y engullir el pedazo de pastel que tenemos enfrente, mañana será otro día.
Los estereotipos, como patrones de cualidades, o de conductas a seguir, marcan la pauta; llegado a este punto, para muchos la razón se asemeja a una barcaza que se agita a merced de un océano de emociones. Desde esa perspectiva (un tanto gris) nos cuesta mucho tomar el control, entonces emprendemos aquellas acciones que se suponen cónsonas con nuestra edad, religión, origen social, etc., con la intención espuria de satisfacer el cómo queremos vernos (y sobre todo que nos vean), más no en descubrir cómo somos en realidad.
Tal vez por eso vemos la realización de lo que somos muchas veces inaccesible. No se llega a ella a través de viejos dogmas, ni esquemas estereotipados; por esa vía terminamos dudando de nosotros mismos, perdiendo la fe, sintiendo no ser merecedores de algo superior, cuestionándonos si realmente tenemos derecho a ser felices.

 

La PNL viene utilizando lo aprendido de Milton H.

Hipnosis para todos.

La PNL viene utilizando lo aprendido de

Milton H. Erickson como aproximación a estados de comunicación más eficaz

Autor: Andrés Monroy V.
Máster Coach Trainer

Modelo Milton y lenguaje hipnótico

La PNL viene utilizando lo aprendido de Milton H. Erickson como aproximación a estados de comunicación más eficaz, ya que consigue llevar a los sujetos a estados de profundización y desbloqueo, mediante el uso de un lenguaje particularmente inductivo.

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Modelo Milton y lenguaje hipnótico

La PNL viene utilizando lo aprendido de Milton H. Erickson como aproximación a estados de comunicación más eficaz, ya que consigue llevar a los sujetos a estados de profundización y desbloqueo, mediante el uso de un lenguaje particularmente inductivo.
El aspecto central de su modelo de intervención, es el peso de la relación entre el terapeuta y el cliente en la consecución del cambio, fue recogida por la
escuela estratégica y por la terapia breve centrada en soluciones, ambas partes del enfoque sistémico.
Milton Erickson utilizaba el lenguaje de forma consciente para inducir estados hipnóticos. El “hablar vago” permite a los oyentes dejarse llevar, perderse en sus pensamientos, dejar vagar a la mente, barriendo con los obstáculos que colocan la razón y la lógica, para llegar al trance eficazmente.
El modelo Milton es opuesto al Metamodelo del lenguaje (PNL), pues: mientras uno busca la ambigüedad el otro se basa en la capacidad de utilizar el lenguaje de forma precisa, exacta y detallada. Podemos decir que Milton utilizaba como lenguaje hipnótico el Metamodelo invertido, tal como se le conoce.

En el fondo, la pregunta que busca responder este modelo es: ¿Cómo puedo estructurar mi comunicación (como hipnólogo) de forma que a alguien le resulte más fácil realizar lo que quiere?
Los patrones lingüísticos que manejó llevan su nombre en su honor. Los mismos son detallados a continuación:
1. Nominalizaciones o Sustantivaciones: es la utilización de sustantivos abstractos, ambiguos, dándole al individuo la posibilidad de asignarle un valor propio a las palabras. Un orador que utilice estas sustantivaciones (confianza, libertad, belleza, etc.) correrá el riesgo que sus oyentes se duerman o entren
en un estado de conciencia diferente. Lo que proponen las nominalizaciones no se pueden ver, ni oír, ni tocar, ni sentir. Al no ser concretas no proponen nada que esté en desacuerdo con la experiencia interior del individuo. Cuando hablamos del Modelo Milton entramos en el reino de las nominalizaciones.
Los políticos son muy hábiles en el uso de este tipo de herramienta, son expertos en la nominalización, hablan mucho pero no dicen nada, por ejemplo: “el desempleo es un fenómeno que afecta a ciertos ciudadanos que no tiene trabajo”.
En el siguiente ejemplo las nominalizaciones aparecen en cursiva: “sé que tienes cierta dificultad en tu vida que quisieras llevar a una solución satisfactoria…y no estoy seguro exactamente de qué recursos personales te resultarán más útiles para resolver esa dificultad, pero sé que tu mente
inconsciente está más capacitada que tú para buscar en tu experiencia exactamente ese recurso”.

Usando este lenguaje se consigue que el cliente aporte significados específicos a las nominalizaciones utilizadas en función de la situación que necesita resolver.
2.Verbos Indefinidos: Son útiles a la hora de expresarse difusamente verbos como “vivenciar”, “comprender”, “sentir”, “aprender”, “solucionar”
Nuevamente, con ellos se busca que el cliente se vea obligado a aportar el significado del mismo: Hacer, arreglar, aprender, sentir, saber, recordar, etc.
Ejemplo: Es bueno darse cuenta de lo fácil que es aprender
3.Expresiones indeterminadas: Cumplen la misma función que los predicados nombrados anteriormente. Daremos un ejemplo concreto de estas expresiones. Si le decimos a la persona “su mano se cerrará más tarde o más temprano” no estamos imponiendo ningún límite, con lo cual estamos favoreciendo la libre traducción física del hecho sugerido.
4. Expresiones de transición como conectores de afirmaciones: Como hemos visto antes, para crear un enlace lingüístico debemos emplear nexos, palabras que sirvan de puente entre lo que ya existe y la situación buscada, invitando al cliente a reaccionar como si una cosa diera lugar a la otra. La simple conjunción “y” puede ser suficiente. “Está oyendo mi voz y sus párpados le pesan cada
vez más mientras se sumerge en una relajación cada vez más profunda”.
Las transiciones deben ser suaves y expresarse en presente progresivo
Algunas transiciones:
– y mientras…
– y……
– y cuando…
– A partir de
– y sabes…
Utilizándolas adecuadamente pasas con gracia, con estilo, de una idea a otra, y así de un estado de consciencia a otro. Una clave es todo esto, es que mientras utilizas estas herramientas no debes pensar que estas persuadiendo, ni llevando, ni controlando a nadie, simplemente fluye con el cliente y establece un rapport profundo, lo demás se logrará de manera natural.
Recuerda también que la hipnosis se va rápido yendo despacio. No hay prisa, no te angusties por alcanzar resultados inmediatos, el cliente lo notará y comenzará a dudar de tus capacidades.
5.Ordenes Inducidas: Se trata de ofrecer dos caminos dando por sentado que el cliente aceptará uno de los dos. “Prefiere estar sentado o recostado al momento de entrar en trance” Estamos dejando sentado que el individuo entrará en ese estado, pero le damos libertad para que elija la forma. Una vez que el inconsciente acepte que va a entrar en trance, la persona sólo tendrá que elegir cómo prefiere permanecer mientras el hecho suceda.
6.Acentuación analógica: Se utiliza para reforzar la eficacia de las órdenes ocultas. La instrucción que importa se acentúa, de manera que el cliente sólo la perciba inconscientemente. Se puede variar la voz, subir o bajar el volumen, hablar más pausadamente, etc.
7.Operadores modales de necesidad/posibilidad: “puede…”, “podrá…”, “debe…”, “tiene que…”, “debería…”
Hipnosis para todos. Autor: Andrés Monroy V. Derechos reservados. Prohibida su
reproducción
8.Cuantificadores universales (generalizaciones): “todo…”, “siempre…”, “todos…”, “ninguno…”, “jamás…”
9.Leer el pensamiento: “sé que estás…”
10.Equivalencia compleja: “eso significa que…”, se equiparan dos cosas como si fueran sinónimos. Por ejemplo: “cierras los ojos, eso significa que comienzas a relajarte”.
11.Causa-Efecto: “debido a que estás escuchando atentamente, puedes disfrutar de una sensación de bienestar y de relajación cada vez más profunda”
12.Indice referencial inespecífico
No se especifica en sustantivo del que se habla
Ejemplo: “La gente se puede relajar”, “esto se puede aprender fácilmente”
13. Omisiones: En la frase falta un sustantivo importante.
Ejemplo: “Sé que sientes curiosidad”, “Será muy tentador abrirte a nuevas posibilidades, y todo lo que eso representará en tu vida”
La otra estrategia del Metamodelo inverso, se relaciona con lo que se conoce como Malformación Semántica, entre cuyos componentes está:
14. El uso de enlaces: y, mientras, hace que
Ejemplo: “Me escuchas y comienzas a relajarte cada vez más”, “Te relajas mientras escuchas esa música de fondo”
15.Lectura de mente: Se actúa como si se conociera la experiencia interna de la persona.
Ejemplo: “Puede que te preguntes que voy a decir a continuación”
Como patrones adicionales del Modelo Milton (entre otros), tenemos:
El uso de Presuposiciones, a continuación, una lista de ellas:

16. Cláusulas de tiempo subordinadas:
Ejemplo: “¿Quieres sentarte mientras entras en trance?”, “Puedes sentir una sensación de placer cuando tomas decisiones por ti misma”
17. Numerales ordinales:
Ejemplo: “Puedes preguntarte que parte de su cuerpo se relajará primero”, ““Una de las primeras cosas que gozarás en este viaje es poder disfrutar de la naturaleza”, “Me preguntaba se ahora sería un buen momento para…”
18. Predicados de consciencia: “Te das cuenta de que tu mente inconsciente ya ha empezado a aprender?” “Tal vez aun no te has permitido liberarte de esas ataduras”, “Cuando hayas logrado tu objetivo y mires atrás, te darás cuenta de…”
19. Uso de adjetivo y verbos: Afortunadamente no tengo que conocer los detalles de lo que deseas”, “Es bueno/está bien sentirse preocupado de vez en cuando
20. El uso de órdenes incorporadas: El especialista en hipnosis no da órdenes directamente, pero las incorpora en la estructura de una oración más larga
Ejemplo: “Observa cuando comienzas a sentirte mejor”, “quizá no esté en estado hipnótico en este momento, pero lo estarás”, “Un especialista determinó que es bueno reír”, Ahora no es importante que nos apresuremos, lo importante es que aprendas”
21.Subrayado analógico (en la presuposición): se realiza subiendo el volumen de la voz al dar la instrucción, haciendo una pausa antes y después de la misma.
22.Preguntas incorporadas:
Ejemplo: “Me pregunto qué preferirías sabes al respecto”, “Está bien aprender cosas nuevas, ¿verdad?”, “El hecho de que hayas venido significa que te sientes a gusto hablando conmigo ¿no es cierto?”, ¿Qué pasaría si…?
23.Órdenes negativas: cuando se da una orden negativa usualmente lo que se responde es a la instrucción positiva.
Ejemplo: “No quiero que te sientas demasiado cómodo”, “No sé si has pensado en lo fácil que es…/No sé si se te ha ocurrido pensar en…”, “Mientras estamos aquí sentados, siento curiosidad por saber cuál es tu objetivo”, “No sería agradable saber que puedes ir más allá de tus propios prejuicios…”
Generalidades del Modelo Milton
Erickson percibía a su paciente en el contexto de la vida relacional, en su familia, en su grupo social. ¿Cómo están tus relaciones con quienes vives y trabajas? ¿Cuál es tu meta para mañana y pasado mañana? ¿Dónde estás ahora con respecto a esa meta? ¿Qué te impide llegar? ¿Qué recursos tienes para ayudarte a llegar? ¿Qué puedo hacer yo como terapeuta para facilitar la captación de estos recursos que el paciente ya tiene dentro de sí, y asociarlos a sus vivencias reales de tal manera que estos puedan ayudarle a alcanzar la meta anhelada? ¿Qué obstáculos necesita superar?
Claves del Modelo
1. No se enfoca en analizar las conductas tóxicas de paciente, ni preguntar el porqué de sus limitaciones.
2. Si el paciente carece de recursos se buscaba como desarrollarlos.

3. Se busca establecer “rapport” como elemento primordial del modelo.
4. El que un paciente haya abierto los ojos no significa que ha salido del trance.
5. Las sugestiones son indirectas, flexibles, y se van modificando según las respuestas del sujeto
6. Se promueve el cambio con el máximo de libertad, utilizando la creatividad y recursos del paciente, con lo que éste cambia cambiando a su “manera”.
7. Al utilizarse el propio repertorio y procesos internos individuales del sujeto, las sugestiones que promueven el cambio en un área particular se van extendiendo a otras, ampliando y enriqueciendo la vida del sujeto.
8. Acrecienta la autoestima por la participación activa y libre del sujeto en el proceso de trance.
9. Utiliza la postura física del paciente para acrecentar el rapport e incluso a utilizarla para inducir el trance sin lenguaje verbal.
10. Considera que la persona puede responder simultáneamente a nivel consciente e inconsciente.
11.Utiliza sugestiones indirectas que pueden tener efecto terapéutico con o sin trance “formal”.
12. Independiente del “grado” de profundidad del trance, las sugestiones indirectas pueden tener efecto terapéutico. Ejemplo: una historia interesante que atraiga la atención del sujeto, donde se “siembran” ideas que son captadas por la mente inconsciente. Entonces el paciente percibirá su cambio como logro personal.
13. Si un sujeto manifiesta dificultades para experimentar trance, el terapeuta utiliza dichas dificultades para la inducción al mismo. Por eso las estrategias de inducción son personalizadas, individualizadas y adaptadas a cada sujeto en particular. Requiere que el terapeuta sea creativo, observador, y flexible para adaptarse a cada paciente como individuo único.
Las señales mínimas: Observando la conducta no verbal, se capta el modelo del mundo del paciente y sus motivaciones. Este es un elemento medular que hace de un hipnólogo uno muy bueno, que se destaca del resto. La atención a los detalles es clave en todo el proceso. Observa los cambios de respiración, de coloración de la piel, de la flacidez de los músculos, de los micro movimientos faciales y corporales, del parpadeo, del reflejo de tragar saliva, etc. Todo esto implica estar en estado presente, implicado cien por ciento.

LA REBELION DEL PENSAMIENTO

LA REBELION DEL PENSAMIENTO

En tiempos del Imperio Persa

Autor: Andrés Monroy V.
Máster Coach Trainer

Ciro Año 424 a.C.

Aquel día Ciro estaba especialmente feliz. Aun con el cálido sol de la mañana en su rostro, decidió caminar fuera de la ciudad amurallada, hacia la tierra de los sueños, donde reinaban los robles. En medio del bosque se detuvo a escuchar el mágico trinar de los pájaros perdidos, ausentes. La suave brisa de violetas, cargada de olores antiguos, acariciaba los penachos de los halcones, con la dulzura de un viejo amor. Respiró el sabor de las ciruelas maduras. Las espigas doblaban su fino talle con la llegada del otoño, y el río traía consigo cánticos sacros, remotos, confundidos con la risa de los niños que recogían pistachos. A lo lejos, un águila majestuosa levantó vuelo, rasgando el aire con sus gritos de metal.

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Ciro
Año 424 a.C.
Aquel día Ciro estaba especialmente feliz. Aun con el cálido sol de la mañana en su rostro, decidió caminar fuera de la ciudad amurallada, hacia la tierra de los sueños, donde reinaban los robles. En medio del bosque se detuvo a escuchar el mágico trinar de los pájaros perdidos, ausentes. La suave brisa de violetas, cargada de olores antiguos, acariciaba los penachos de los halcones, con la dulzura de un viejo amor. Respiró el sabor de las ciruelas maduras. Las espigas doblaban su fino talle con la llegada del otoño, y el río traía consigo cánticos sacros, remotos, confundidos con la risa de los niños que recogían pistachos. A lo lejos, un águila majestuosa levantó vuelo, rasgando el aire con sus gritos de metal. Como era costumbre, cerró los ojos, y se dejó llevar por el momento. Ensimismarse lo llevaba a sentirse parte de un universo que estaba más allá de los sentidos. Más allá de los límites de la razón.
Ciro hablaba el lenguaje del mundo. El significado de las cosas aparecía en el silencio íntimo del instante. Los majestuosos árboles, como la bulliciosa cigarra, o el rayo en la lejanía, contaban historias. Había descubierto la verdad oculta detrás de las apariencias. Al principio, en medio de un caos ensordecedor, luego como un sentido profundo que ordenaba la infinita complejidad del universo. Una inmensa tela de araña que conectaba las partes en un todo armónico, perfecto, divino. Por momentos sintió vaciarse en medio de la exuberancia, y la epifanía de un recuerdo doloroso lo desnudó en medio del claro.
Aquel día se sentía feliz, y tenía una buena razón para estarlo. Habían elegido una de sus sentencias para colocarla en el dintel de entrada: “Solo la práctica de la verdad os hará libre” Sus palabras habían sido esculpidas en mármol, y colocadas sobre dos inmensas columnas que franqueaban el paso norte de la ciudad amurallada. Un honor tan grande solo era concedido a grandes hombres, y él lo era. Durante treinta años, se había dedicado a la enseñanza de la virtud, como valor fundamental para una existencia plena. Era fiel representante de una estirpe de hombres que habían servido al trono desde que este fuera ocupado por Ciro II, primer monarca de la dinastía Aqueménide, en el año 550.
Su bisabuelo, su abuelo, y su padre, herederos de un antiguo linaje noble, aunque no emparentado directamente con los Aqueménides, habían ocupados cargos de responsabilidad en asuntos administrativos, durante los reinados no solo del Gran Rey, sino de los que le sucedieron, incluyendo el actual monarca, Artejerjes I.
En el año 450, a la muerte de su padre, con solo veinticuatro años, Ciro asumió la responsabilidad que éste le heredó, y que el mismo Artejerjes I ordenara, en reconocimiento a la lealtad incuestionable que su familia había mostrado durante tantos años. A los treinta, era experto en administración y política, así como en matemáticas, artes, geometría, geografía, botánica, astronomía, ingeniería y arquitectura, a la usanza

de los antiguos sabios; amén de las siete lenguas y dialectos que hablaba con fluidez asombrosa.
Su padre, Anrez, había tomado a buen recaudo educarlo para que llegado el momento lo sucediera en sus funciones. Desde niño lo llevaba consigo a todas las misiones propias de un consejero real, fuera y dentro de los límites del reino. En poco tiempo, el joven prospecto ya conocía cada rincón, pueblo y tribu, escribía el alfabeto fenicio en tablillas de arcilla, y era capaz de diferenciar las sutiles diferencias de los dialectos, incluyendo el de los vedas, el sanscrito, y el arameo. Todas estas razones llevaron a Artejerjes I, años después, a nombrarlo Visir, su hombre de confianza, y asesor en las diferentes materias que un reino como aquel exigía.
Ese nombramiento fue motivo de los más disimiles y encontrados puntos de vista dentro del entorno real, pues el cargo de Visir, figura burocrática que había tomado Artejerjes I de los egipcios, con todo el poder que suponía, debía ser ocupado por alguien situado dentro de la línea sucesorial. Pero el Rey, si bien era consciente de esa realidad, no obviaba el hecho de vivir rodeado de intrigas y conspiraciones, lo que recomendaba confiar más en un “extraño”, en lugar de su propia familia. El Visir representaba el poder oculto detrás del poder.
El ostentoso cargo no se le subió a la cabeza, por el contrario, Ciro lo vio como una oportunidad para llevar a cabo proyectos que beneficiaran directamente a las personas, así como a desarrollar grandes obras arquitectónicas y artísticas, que dieran al imperio una presencia de primer orden en el mundo.
Las palabras de su padre, relatándole las maravillas vistas en Atenas durante la invasión persa en el año 480, describiéndole con lágrimas en los ojos la Acrópolis antes de ser destruida por Jerjes, en un acto de venganza sin sentido, resonaban en su cabeza con la urgencia de una deuda, que tarde o temprano habría que pagar.
Su nombramiento fue celebrado por todos en Persépolis, y en otras capitales vecinas como Susa, Pasargada, y Ecbatana, pues Ciro nunca dejó de ser “una hormiga más del hormiguero”, como el mismo solía describirse cuando alguien mencionaba sus méritos. Era pues tenido por hombre llano, sabio, al que todos recurrían para dirimir conflictos, aclarar conceptos, o determinar el desarrollo de la ciudad. Era la cara visible de la nobleza, sin ser noble, y al mismo tiempo el representante del hombre común, que bien cultivaba trigo, tallaba madera, o vendía cerámicas en el mercado popular.
La repentina algarabía de una bandada de loros en la copa de los árboles lo regresó al presente. Caminó sin prisa por la verde senda, hasta llegar al camino real. Al mirar la frase en la distancia, se rio de su propia ironía, el concepto era cierto, y al mismo tiempo falso. La verdad, como la libertad, eran valores trascendentes, inmutables, e inalcanzables. También rio de su propia vanidad. A sus cincuenta años podía decirse que había logrado todos sus objetivos, pero muy en el fondo sabía que su labor estaba lejos de concluir.
Así como había aprendido a leer el lenguaje de las nubes, reconocía el olor de la traición, el frio calor de la envidia, y los sutiles tonos violáceos del rencor. Esa sensibilidad adquirida y desarrollada con el tiempo era un secreto que se llevaría a la tumba. Una habilidad inusual, que así como lo prevenía y lo hacía un enemigo temible,

le mostraba desnuda la naturaleza oscura de los hombres, capaz de los actos más heroicos y sublimes, y al mismo tiempo más atroces.
Esa mañana feliz, mientras los albañiles terminaban de quitar los andamios, y dejaban al descubierto el dintel, Jofanes y Cleonte, dos adelantados estudiantes de sus clases de matemáticas, se acercaron visiblemente perturbados.
—Disculpe la molestia maestro en este momento tan especial, pero mi compañero Cleonte y yo tenemos una diferencia de opiniones.
—De que se trata querido Jofanes, ¿en qué puedo ayudarles?
—Parece una tontería, pero creo que no lo es —dijo Cleonte— Al multiplicar 5×3 (que es igual a 15), Jofanes dice que no lo puedo resolver haciendo 5+5+5, sino más bien 3+3+3+3+3. ¿Usted qué opina?
— Como bien dices Cleonte, no es una tontería. A pesar de que matemáticamente lo puedes resolver de múltiples maneras, no es menos cierto que de lo que se trata es de darle sentido a lo que plantea la operación. En este caso, acuerdo con Jofanes que la respuesta que responde a ambas exigencias es 3+3+3+3+3. Si solo nos fijamos en obtener el resultado correcto, nos olvidamos de lo que estamos haciendo, del camino que conduce a él, que en el fondo es quizá lo más interesante. El orden de los factores no altera el producto, pero si la forma de obtenerlo.
Dicho esto, ambos hombres le dieron las gracias, y respetuosamente se retiraron.
Regresó a la ciudad por la arbolada avenida de adoquines, y brocales de mármol. Al final de la misma, el imponente palacio real con sus inmensas almenas y torres, reflejaba el ardiente sol del mediodía como una fragua de llamas blancas. Llegó a la plaza principal, donde un grupo de niños jugaban a la guerra con palos y arcos simulados. Se sentó bajo la sombra de un olivo, a contemplar el fruto del esfuerzo de tantos hombres, que como él, le habían dedicado su vida al reino, sin más recompensa que poder disfrutar de escenas como esa. Al poco rato compartía con la gente común que se acercaban a saludarlo, e intercambiar palabras.
—Te felicito Ciro, ha quedado muy hermosa la obra— dijo Tirsio, un estudioso de geometría.
—Gracias Tirsio, me siento orgulloso de tal privilegio.
—Por cierto, tengo un problema que tal vez puedas mirar.
—Dime, ¿de qué se trata? He escuchado que vienes trabajando en algo de gran complicación que te tiene desvelado.
—Así es, tengo varios días sin dormir, tratando de encontrar un cuadrado cuya área sea igual a la de un círculo dado.
—¡Ah!, ya veo, el famoso “problema sin solución” que ha tenido de cabeza a los griegos por muchos años. Muy bien, ¿Qué instrumentos de cálculo estas utilizando? — preguntó con interés.
—La regla y el compás, como es lógico suponer.

—Ummmm entiendo…si la superficie del cuadrado es L x 2, y la del circulo es πr2, es imposible que puedas dar con una solución. El problema está en π, ¿sabes por qué? porque es un número trascendente, infinito. Podrás acercarte, nada más.
—Ciertamente. Lo imposible es una realidad que no aceptamos fácilmente— dijo Tirsio cabizbajo.
—Yo no diría eso. Lo imposible es un supuesto que define los límites de lo posible. El problema no está en el problema en sí, sino en el pensamiento con que se aborda. ¿Qué pasaría si nos atreviéramos a mirar el asunto desde una perspectiva diferente?
—¿Qué quieres decir? — preguntó intrigado Tirsio.
—Piensa en esto: ¿puede descomponerse un círculo en un número finito de partes de modo que, mediante movimientos del plano, se obtenga un cuadrado?, quizá allí esté la respuesta.
Los ojos de Tirsio se iluminaron. Nunca se le hubiese ocurrido buscar una solución desde ese ángulo. Agradeció a Ciro, y con la mirada perdida caminó raudo hacia su casa, con la certeza de un nuevo hallazgo.

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